¡Hey! ¿Se acuerdan de los primeros años de TV Azteca? Cuando todo era innovación y ‘competencia saludable’, y los Salinas Pliego se pavoneaban de contar con programas más inteligentes y mejor producidos que los de Televisa. Y la gente estaba bien “¡GO TV AZTECA! Pártele la madre a Televisa!”, por que básicamente estábamos hartos de ver solamente UNA COSA en la tele, y pues, un sentimiento humano muy común es irle al que va perdiendo, nomás porque va perdiendo. Después de unos cuantos años, los aztecas se quitaron la máscara para revelar una programación como la de Televisa, pero pior, con gente más desconocido y presupuestos inexistentes, y basquetbolistas que comen Pan Wonder en secreto.
Un ejemplo de la superioridad imaginaria de TV Azteca eran las telenovelas. Según esto serían historias originales, y más realistas (realistas=gente sentada en el excusado). Y luego lanzaron La Chacala, una telenovela de terror que supuestamente derribaría todos los paradigmas telenoveleros O ALGO. Y cuando la empezaron a trasmitir, fueron anunciando una escena que sería el climax, el punto más alto en la historia de la tele mexicana. La inundación de un pueblo. Y no cualquier inundación, una escena en la que trabajarían expertos en efectos especiales, gente que había participado en Titanic. Se creó una expectativa gigante, ¿cómo sería la escena? ¿se cambiaría para siempre la forma en que los mexicanos vemos la televisión? Um, ¿no?
Para ser justos, algunos pasajes no son totalmente la peor mierda jamás filmada, pero sí, en efecto, la mayor parte de la inundación es como si los habitantes del pueblo hubieran tomado pastillas de chiquitolina y los pusieran en una maqueta de exposición de secundaria. Bueeeeno pues, cuando le salen ojos mágicos a la Christian Bach está padrecito. Y YA.
Sí pues, como dirían los gringos, “si vas a hablar la hablada, camina la caminada”. Byeeee TV Aztecaaaaa.